miércoles, 26 de junio de 2013

Las primeras impresiones sobre los diálogos de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC

Introducción


Actualmente se están desarrollando en La Habana (Cuba) unos diálogos de paz entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), grupo al margen de la Ley; los que fueron anunciados el pasado 27 de agosto de 2012. La política del anterior Gobierno Uribe-Vélez, en cuya etapa final nuestro actual presidente Juan Manuel Santos estuvo al frente del Ministerio de Defensa, fue atacar a la guerrilla buscando debilitarla al máximo. En el lapso de aquellos ocho años del gobierno Uribe-Vélez, las FARC perdieron a sus más importantes cabecillas y a muchas de sus tropas. Aquellos fueron dados de baja o capturados, mientras muchos de sus militantes decidieron desertar atendiendo a la campaña de desmovilización promovida por el mismo Gobierno.

Es indiscutible que la política frente a las FARC del gobierno Uribe-Vélez fue bien distinta a la que desarrolla el actual gobierno. Se trató de una estrategia apoyada por la gran mayoría de los colombianos, debido a los índices de seguridad alcanzados y a todos los beneficios que el incremento de la seguridad reportó al país en todos los campos. Resulta entonces pertinente preguntar por las primeras impresiones de los principales diarios nacionales con respecto a la nueva política de diálogo adoptada por el presidente Santos.

Para responder revisé las noticias en la web-cite de los periódicos ‘El Tiempo’ de Bogotá, y ‘El Colombiano’ de Medellín, correspondientes al 27 de agosto de 2012, día en que el Gobierno colombiano informó al país que llevaría a cabo negociaciones con las FARC. De igual modo, revisé en los mismos periódicos, las noticias correspondientes al 2 de septiembre de 2012, que corresponde al domingo inmediatamente siguiente a aquel anuncio gubernamental; dado que los periódicos de diaria publicación, como ‘El Tiempo’ y ‘El Colombiano’, generalmente proporcionan un resumen de lo ocurrido durante la semana inmediatamente anterior.  

1.     Resultados estadísticos de la revisión
Como se observa en el anterior cuadro, mientras ‘El Tiempo’ del 27 de agosto publicó una noticia referente a las negociaciones de paz con las FARC, ‘El Colombiano’ difundió tres. Para el 2 de septiembre ‘El Tiempo’ presenta trece (13) artículos sobre el tema. ‘El Colombiano’, por su parte, no presentó referencia alguna.

Observando detalladamente las noticias, reportajes, entrevistas, columnas de opinión y editoriales a que se refieren los anteriores datos; es posible concluir que de diecisiete (17), once (11), equivalentes al 61,1%, apoyan las negociaciones con las FARC: diez (10) correspondientes al 55,6%, están en ‘El Tiempo’ y uno (1) en ‘El Colombiano’. De los otros seis (6) artículos que conforman los diecisiete (17) iniciales, cuatro (4) correspondientes al 22,2% y publicados en ‘El Tiempo’, se manifestaron en contra del proceso. Los otros dos (2), que aparecen en ‘El Colombiano’ no asumieron posición alguna.

2.      Análisis de los resultados

Si bien la mayoría de los artículos (58,8%) deja ver una postura favorable al proceso, es un común denominador el apoyar el proceso de paz con las FARC atendiendo a que las FARC no son las mismas de hace 10 años: han sido bastante debilitadas debido a los fortísimos golpes recibidos durante los últimos años. Varios afirman que en el lapso de los últimos 10 años, el país alcanzó una tranquilidad no vista desde hace 40 años. Resulta llamativo un giro de 180 grados: durante el gobierno Uribe-Vélez la opinión pública se mostraba de acuerdo con una política distinta a la actual del presidente Santos. Entre las personas que manifestaron su apoyo al proceso de paz se encuentran el General Oscar Naranjo nombrado Director General por el actual presidente de la república, mientras ejercía como Ministro de la Defensa en el gobierno Uribe-Vélez. Así, entonces, el giro de 180 grados resulta más llamativo: ¿por qué  personas como estas apoyan el actual proceso de paz?

Independiente de su posición con respecto a una negociación de la paz con las FARC, hay quienes afirman que para que el proceso tenga éxito, en primer lugar, se debe dejar de lado el afán de protagonismo político y, en segundo lugar, debe generarse un ambiente de confianza entre las partes, es decir, que se hace indispensable la buena fe tanto del Gobierno como de las FARC. Es evidente, para la mayoría de los columnistas, que el Gobierno ha generado el requerido ambiente de confianza, incluso, hay quienes consideran que en aras de establecer las circunstancias para llevar a feliz término el proceso, Juan Manuel Santos ha superado la raya. Por otra parte, los altos mandos del ejército manifiestan el apoyo incondicional de las fuerzas militares al Presidente, asegurando que las fuerzas militares no bajarán la guardia y seguirán combatiendo al grupo ilegal armado.  

Sin embargo, al tiempo que surgen tales declaraciones; por un lado, en el congreso se legisla sobre el fuero militar, y parece haber muy pocas garantías para quienes están arriesgando su vida en las montañas de Colombia en aras de garantizar la seguridad en  el territorio colombiano. Una columnista, María Isabel Rueda, se pregunta si será posible derrotar a la guerrilla en el campo de batalla sabiendo que por cada derrota habrá una condena, y dicha condena la resolverán personas inexpertas y no la Justicia Penal Militar que es la apta para conocer este tipo de procesos. Si cada uno de los lectores se pone en los zapatos de los militares, no tendrá que hacer mucho esfuerzo para obtener la respuesta.

Por el otro lado, los jueces de la república condenan a militares que pusieron en riesgo sus vidas al enfrentarse con el terrorismo. Es el caso del coronel Alfonso Plazas Vega, del general Rito Alejo del Rio y de otros 17.000 militares más. Es pertinente preguntar cómo conservar la dignidad y motivación del ejército si los delincuentes de las FARC podrían resultar perdonados a pesar de ser autores de crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto.

Ni que decir de las víctimas. Parafraseando a otra columnista, Guillermo Perry, en primer lugar las víctimas y en general los colombianos, tenemos que estar dispuestos a perdonar lo imperdonable; es decir, los incontables delito de lesa humanidad cometidos por las FARC durante 40 años; y es indispensable que las FARC le den, de una vez por todas, una oportunidad a la paz; pero es de dominio público que la buena voluntad de las FARC no está garantizada, entre otras cosas porque, como dice la citada María Isabel Rueda, las FARC no dan muestras contundentes de su voluntad negociadora, no existen acciones concretas que permitan a los colombianos dilucidar la buena fe de los negociadores de las FARC durante el proceso. La liberación inmediata y sin condiciones de todos los secuestrados y el desarme, serían una prueba fehaciente del hecho y no habría nada de qué hablar, pero, como estas circunstancias no se están dando, se puede pensar que las FARC están cañando. Los contendientes del proceso, tales como Dagoberto Castaño Paredes, observan que las FARC no tienen ningún afán de llegar a un acuerdo y que lIván Marquez y sus secuaces, son capaces de seguir engañando a la sociedad colombiana al son de “¡viva la patria!”, literalmente.

En el plano internacional, los diálogos de paz son bien vistos, desde la OEA y la ONU, los delegados han manifestado que las circunstancias en las cuáles se llevará a cabo el proceso son muy distintas a las de antes y son propicias para que las negociaciones lleguen a buen término, se nota, aún en el plano internacional, una aceptación de los diálogos de paz condicionada por la política desarrollada por el Gobierno anterior. Sin duda Cuba y Venezuela, y seguramente otros países de América del sur, aprueban los diálogos con las FARC, y están haciendo todo lo posible para influir en el proceso; lo relata detalladamente ‘El Tiempo’ en el reportaje titulado “Así se llegó al acercamiento con las FARC”, publicado el 2 de septiembre de 2012.

Como era de esperarse, no faltaron las críticas a la posición del ex presidente Álvaro Uribe Vélez frente al proceso. Hubo quien consideró que debía cambiar de actitud y apoyar al gobierno, otros lo llamaron a pensar en la paz de Colombia, ignorando lo que hizo durante sus ocho años de Gobierno. Para el columnista Álvaro Urrea Piñero el ex presidente Uribe debía retirarse de la política colombiana por ser un finquero guerrerista, que olvida al considerable número de colombianos que eligió a Juan Manuel Santos para que ocupara el cargo de Presidente de la República de Colombia, y llevara a término las políticas iniciadas por el mismo Álvaro Uribe Vélez.  

Varios opositores del ex presidente Uribe Vélez lo tachan de enemigo de la paz por no apoyar la política del actual presidente Santos. Parecería que están graduando de enemigos de la paz al gran número de colombianos que lo siguen apoyando y añoran sus políticas. Es algo peligroso, pues de ser así, estarían quitando legitimidad a la política de paz del presidente Santos, dado que podría devenir contraria a la democracia por oponerse a las mayorías políticas nacionales.

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