Introducción
Actualmente
se están desarrollando en La Habana (Cuba) unos diálogos de paz entre el
Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC),
grupo al margen de la Ley; los que fueron anunciados el pasado 27 de agosto de
2012. La política del anterior Gobierno Uribe-Vélez, en cuya etapa final
nuestro actual presidente Juan Manuel Santos estuvo al frente del Ministerio de
Defensa, fue atacar a la guerrilla buscando debilitarla al máximo. En el lapso
de aquellos ocho años del gobierno Uribe-Vélez, las FARC perdieron a sus más
importantes cabecillas y a muchas de sus tropas. Aquellos fueron dados de baja
o capturados, mientras muchos de sus militantes decidieron desertar atendiendo
a la campaña de desmovilización promovida por el mismo Gobierno.
Es indiscutible
que la política frente a las FARC del gobierno Uribe-Vélez fue bien distinta a
la que desarrolla el actual gobierno. Se trató de una estrategia apoyada por la
gran mayoría de los colombianos, debido a los índices de seguridad alcanzados y
a todos los beneficios que el incremento de la seguridad reportó al país en todos
los campos. Resulta entonces pertinente preguntar por las primeras impresiones
de los principales diarios nacionales con respecto a la nueva política de diálogo adoptada por el
presidente Santos.
Para
responder revisé las noticias en la web-cite
de los periódicos ‘El Tiempo’ de Bogotá, y ‘El Colombiano’ de Medellín, correspondientes
al 27 de agosto de 2012, día en que el Gobierno colombiano informó al país que
llevaría a cabo negociaciones con las FARC. De igual modo, revisé en los mismos
periódicos, las noticias correspondientes al 2 de septiembre de 2012, que
corresponde al domingo inmediatamente siguiente a aquel anuncio gubernamental;
dado que los periódicos de diaria publicación, como ‘El Tiempo’ y ‘El
Colombiano’, generalmente proporcionan un resumen de lo ocurrido durante la
semana inmediatamente anterior.
1. Resultados estadísticos de la revisión
1. Resultados estadísticos de la revisión
Como se
observa en el anterior cuadro, mientras ‘El Tiempo’ del 27 de agosto publicó
una noticia referente a las negociaciones de paz con las FARC, ‘El Colombiano’ difundió
tres. Para el 2 de septiembre ‘El Tiempo’ presenta trece (13) artículos sobre
el tema. ‘El Colombiano’, por su parte, no presentó referencia alguna.
Observando
detalladamente las noticias, reportajes, entrevistas, columnas de opinión y
editoriales a que se refieren los anteriores datos; es posible concluir que de diecisiete
(17), once (11), equivalentes al 61,1%, apoyan las negociaciones con las FARC:
diez (10) correspondientes al 55,6%, están en ‘El Tiempo’ y uno (1) en ‘El
Colombiano’. De los otros seis (6) artículos que conforman los diecisiete (17)
iniciales, cuatro (4) correspondientes al 22,2% y publicados en ‘El Tiempo’, se
manifestaron en contra del proceso. Los otros dos (2), que aparecen en ‘El
Colombiano’ no asumieron posición alguna.
2. Análisis de los resultados
2. Análisis de los resultados
Si bien la
mayoría de los artículos (58,8%) deja ver una postura favorable al proceso, es
un común denominador el apoyar el proceso de paz con las FARC atendiendo a que
las FARC no son las mismas de hace 10 años: han sido bastante debilitadas
debido a los fortísimos golpes recibidos durante los últimos años. Varios afirman
que en el lapso de los últimos 10 años, el país alcanzó una tranquilidad no vista
desde hace 40 años. Resulta llamativo un giro de 180 grados: durante el
gobierno Uribe-Vélez la opinión pública se mostraba de acuerdo con una política
distinta a la actual del presidente Santos. Entre las personas que manifestaron
su apoyo al proceso de paz se encuentran el General Oscar Naranjo nombrado
Director General por el actual presidente de la república, mientras ejercía
como Ministro de la Defensa en el gobierno Uribe-Vélez. Así, entonces, el giro
de 180 grados resulta más llamativo: ¿por qué personas como estas apoyan el actual proceso
de paz?
Independiente
de su posición con respecto a una negociación de la paz con las FARC, hay
quienes afirman que para que el proceso tenga éxito, en primer lugar, se debe
dejar de lado el afán de protagonismo político y, en segundo lugar, debe
generarse un ambiente de confianza entre las partes, es decir, que se hace
indispensable la buena fe tanto del Gobierno como de las FARC. Es evidente,
para la mayoría de los columnistas, que el Gobierno ha generado el requerido ambiente
de confianza, incluso, hay quienes consideran que en aras de establecer las
circunstancias para llevar a feliz término el proceso, Juan Manuel Santos ha
superado la raya. Por otra parte, los altos mandos del ejército manifiestan el
apoyo incondicional de las fuerzas militares al Presidente, asegurando que las
fuerzas militares no bajarán la guardia y seguirán combatiendo al grupo ilegal
armado.
Sin
embargo, al tiempo que surgen tales declaraciones; por un lado, en el congreso
se legisla sobre el fuero militar, y parece haber muy pocas garantías para
quienes están arriesgando su vida en las montañas de Colombia en aras de
garantizar la seguridad en el territorio
colombiano. Una columnista, María Isabel Rueda, se pregunta si será posible
derrotar a la guerrilla en el campo de batalla sabiendo que por cada derrota
habrá una condena, y dicha condena la resolverán personas inexpertas y no la
Justicia Penal Militar que es la apta para conocer este tipo de procesos. Si
cada uno de los lectores se pone en los zapatos de los militares, no tendrá que
hacer mucho esfuerzo para obtener la respuesta.
Por el otro
lado, los jueces de la república condenan a militares que pusieron en riesgo sus
vidas al enfrentarse con el terrorismo. Es el caso del coronel Alfonso Plazas
Vega, del general Rito Alejo del Rio y de otros 17.000 militares más. Es
pertinente preguntar cómo conservar la dignidad y motivación del ejército si
los delincuentes de las FARC podrían resultar perdonados a pesar de ser autores
de crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto.
Ni que
decir de las víctimas. Parafraseando a otra columnista, Guillermo Perry, en
primer lugar las víctimas y en general los colombianos, tenemos que estar
dispuestos a perdonar lo imperdonable; es decir, los incontables delito de lesa
humanidad cometidos por las FARC durante 40 años; y es indispensable que las
FARC le den, de una vez por todas, una oportunidad a la paz; pero es de dominio
público que la buena voluntad de las FARC no está garantizada, entre otras
cosas porque, como dice la citada María Isabel Rueda, las FARC no dan muestras
contundentes de su voluntad negociadora, no existen acciones concretas que
permitan a los colombianos dilucidar la buena fe de los negociadores de las
FARC durante el proceso. La liberación inmediata y sin condiciones de todos los
secuestrados y el desarme, serían una prueba fehaciente del hecho y no habría
nada de qué hablar, pero, como estas circunstancias no se están dando, se puede
pensar que las FARC están cañando. Los contendientes del proceso, tales como Dagoberto
Castaño Paredes, observan que las FARC no tienen ningún afán de llegar a un
acuerdo y que lIván Marquez y sus secuaces, son capaces de seguir engañando a
la sociedad colombiana al son de “¡viva la patria!”, literalmente.
En el plano
internacional, los diálogos de paz son bien vistos, desde la OEA y la ONU, los
delegados han manifestado que las circunstancias en las cuáles se llevará a
cabo el proceso son muy distintas a las de antes y son propicias para que las
negociaciones lleguen a buen término, se nota, aún en el plano internacional,
una aceptación de los diálogos de paz condicionada por la política desarrollada
por el Gobierno anterior. Sin duda Cuba y Venezuela, y seguramente otros países
de América del sur, aprueban los diálogos con las FARC, y están haciendo todo
lo posible para influir en el proceso; lo relata detalladamente ‘El Tiempo’ en el
reportaje titulado “Así se llegó al
acercamiento con las FARC”, publicado el 2 de septiembre de 2012.
Como era de
esperarse, no faltaron las críticas a la posición del ex presidente Álvaro
Uribe Vélez frente al proceso. Hubo quien consideró que debía cambiar de
actitud y apoyar al gobierno, otros lo llamaron a pensar en la paz de Colombia,
ignorando lo que hizo durante sus ocho años de Gobierno. Para el columnista Álvaro
Urrea Piñero el ex presidente Uribe debía retirarse de la política colombiana
por ser un finquero guerrerista, que
olvida al considerable número de colombianos que eligió a Juan Manuel Santos para
que ocupara el cargo de Presidente de la República de Colombia, y llevara a
término las políticas iniciadas por el mismo Álvaro Uribe Vélez.
Varios
opositores del ex presidente Uribe Vélez lo tachan de enemigo de la paz por no apoyar la política del actual presidente
Santos. Parecería que están graduando de enemigos
de la paz al gran número de colombianos que lo siguen apoyando y añoran sus
políticas. Es algo peligroso, pues de ser así, estarían quitando legitimidad a
la política de paz del presidente Santos, dado que podría devenir contraria a
la democracia por oponerse a las mayorías políticas nacionales.
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